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  • Maggie Garcin

What is she wearing? Los Converse de Kamala Harris y el Personal Branding

Actualizado: mar 17

Cada vez son más y más las mujeres que asumen posiciones de poder en el mundo. Desde Angela Merkel, hasta Jacinda Ardern, las figuras femeninas en posiciones de poder siguen expandiéndose conforme pasan los años… sumándose recientemente a esta lista, está Kamala Harris, quien este enero asumió la que se considera ser la segunda oficina más importante del mundo, la de la Vicepresidencia de los Estados Unidos. Kamala se convirtió así en una pionera, no solo por ser la primera mujer en obtener el cargo, sino por ser la primer persona hija de inmigrantes afroamericanos e indios en esta oficina.


No es novedad que cuando se asumen los cargos de Presidente y Vicepresidente, comienza el escrutinio de la vida personal: las parejas, los hijos, las mascotas, las filias y fobias. Y cuando se trata de las mujeres, hay un tema en particular que parece alertar a la prensa: what is she wearing?


Es innegable. La moda es una herramienta poderosa del Personal Branding, misma que sin duda da más juego cuando se trata del atuendo femenino, puesto que el masculino, a pesar de que en los últimos años ha evolucionado y se ha diversificado, cuando se trata de políticos de “toda la vida” lo más común será verlos con su riguroso uniforme de traje y corbata.


Es tanto lo que hay en juego que no en vano se contrata a las asesoras más cotizadas de Hollywood y, si bien quizás, hace algunas décadas el objetivo era lucir las prendas más novedosas, caras y exclusivas, muchas políticas y políticos, han entendido que esto, de cara a las diferencias sociales y problemáticas económicas que sufren más de un gobierno, resulta ser contraproducente y calienta los ánimos de los votantes. Por lo cual, la tendencia, ha ido hacia lo sutil y discreto. Pero aún así, la prensa insiste: what is she wearing?


Mujeres como Michelle Obama han entendido bien una de las reglas más antiguas de la comunicación: no puedes no comunicar. Y así, han puesto el tablero a su favor. Como ella misma lo explica en su biografía “Becoming”:


“That’s when fashion isn’t just fashion, it’s how you turn it into your tool rather than being a victim of it… I would make some impassioned speech and they would say she’s wearing an interesting designer dress. So it was OK, let’s embrace the fact people are looking at my shoes and not just highlight me and the clothes but who we wanted to be as an administration — forward-thinking, embracing youth, embracing diversity.” (2019, Obama, M.)


El caso de Kamala Harris no es diferente. La vicepresidenta de los Estados Unidos entiende que, a pesar de ser la segunda al mando del país más poderoso del planeta, existen blogs como Kamala’s Closet y What Kamala wore, que comparten no solo sus outfits más memorables, sino inclusive las marcas de galletas que come y la tetera que utiliza en su cocina.


Es por ello, que, de la misma forma en que Michelle lo hizo, decidió convertir su clóset en un statement político. El mejor ejemplo es sin duda la toma de posesión de enero: su vestido y abrigo morado, del diseñador negro Christopher John Rogers, llega después de un año en el que las protestas por la injusticia racial vivieron su mayor apogeo. Las perlas, de Wilfredo Rosado, pusieron a la comunidad latina y a Puerto Rico en el mapa, un país azotado por los desastres naturales y sumamente olvidado por el predecesor de la Casa Blanca. Y el color, morado, como una oda a las sufragistas y un tributo a Shirley Chisholm, la primer mujer elegida como parte del Cogreso de los EEUU.


El resto de los días, se le ve usando un “power suit”, que cumple el objetivo inicial: dar el menor material posible para hablar sobre sus elecciones de clóset. Y en los días más casuales , en los mítines de campaña e inclusive en la portada de Vogue, se ha caracterizado por utilizar tenis Converse, que sin duda alguna salen de lo usual y tienen fanáticos y detractores. Los primeros, comprenden que el mensaje detrás de los tenis, es presentarse a sí misma como una mujer práctica, lista para entrar en acción y ensuciarse las manos de ser necesario, además, de ser una marca cercana, al alcance del ciudadano promedio. Los segundos, la critican por “no respetar” el cargo al que representa, o los códigos de etiqueta de los sitios que visita.


En fin, es imposible darle gusto a todos los públicos, en especial cuando se vive bajo el escrutinio público constantemente. Sin embargo, la lección es clara: ¿vas a hablar de lo que estoy usando? Permíteme contarte la historia que hay detrás. That’s what I’m wearing.






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